► FC: Anna Pavaga (a los 5 años; temporal) / Summer Fontana (a los 7 años) / Danielle Rose Russell (adolescente)
► EDAD: 5 años - 7 años - Adolescente.
► ESPECIE: Híbrida {Vampiro, lobo, bruja}
► OCUPACIÓN: -
► RESIDENCIA: Nueva Orleans.
► FORTALEZAS: Persistencia, Prudencia, Humor,
► DEBILIDADES:Las propias debilidades de un Vampiro, bruja y loba. Su familia también es su debilidad, podría ser capaz de cualquier cosa con tal de que nada les pasase a ellos.
► CONEXIONES:
Niklaus Mikaelson (padre)
Hayley Marshall (madre)
Ansel (abuelo paterno) †
Esther Mikaelson (abuela paterna) †
Padre de Hayley (abuelo materno) †
Madre de Hayley (abuela materna) †
Mikael (abuelo paterno adoptivo) †
Dahlia (tía abuela paterna) †
Freya Mikaelson (tía paterna)
Finn Mikaelson (tío paterno)
Elijah Mikaelson (tío paterno)
Kol Mikaelson (tío paterno)
Rebekah Mikaelson (tía paterna)
Henrik Mikaelson (tío paterno) †
Hijo nonato de Mathias y Freya (primo) †
Marcel Gerard (hermano adoptivo)
Jackson Kenner (padrastro)
Cary (pariente paterno lejana)
Eve (pariente materna lejana) †
Lana (pariente materna lejana) †
Reflexiones
▬
La noche había llegado para dar fin a otro día más. Ella, para no variar, había pasado el día dibujando calentada por el cálido fuego de la chimenea de la biblioteca, pero necesitaba un poco de aire fresco para refrescar sus ideas, por lo que bajó hasta el hall de la entrada, se enfundó en su grueso abrigo para la nieve, y salió por la puerta de la entrada.
Vivía con toda su familia, pero aún así albergaba las ganas de pasar un tiempo a solas, cosa que era imposible ya que siempre dos de los híbridos de su padre iban detrás de ella acompañándola todo el rato, aquella noche no fue la excepción. Caminaba con paso tranquilo pero firme por los jardines de la mansión en la que se había criado junto a sus padres y tíos, aquellos que tantos enemigos y problemas tenían, pero los elegiría siempre con problemas y todo lo que conlleva ser una Mikaelson. El tenso silencio de la noche solamente era roto por el crujido de sus pequeñas botas al romper la fina capa de hielo y nieve que cubría como un gélido manto el suelo de su jardín.
-Buenas noches, pequeña Mikaelson -La grave voz de Tristan, le sacó del ensimismamiento en el que se había metido mientras caminaba. Era a quien menos quería ver en toda la tierra.
-Buenas noches, Tristan. ¿Qué hace usted paseando a estas horas por los terrenos de la mansión?-Aunque solo era una niña, la voz de Hope sonaba firme, en su interior el temor a que el contrario le hiciese algo, estaba presente, pero como toda Mikaelson sabia esconder lo que sentía.
-Esa misma pregunta iba a hacerle yo en este preciso momento, Señorita Hope, pero al ver que se me ha adelantado debo responder yo antes: He venido a darles una cortés visita, mi hermana y yo debemos hablar con su padre -Aunque no lo hubiera dicho, la silueta de la pelirroja se podía ver entre los arbustos que adornaban el jardín. La mujer la miraba fijamente, sus ojos eran fríos como el hielo pero una pizca de maldad se podía apreciar en su mirada, en ese preciso instante supo que la visita a su padre no seria cortés.
-Ya veo-Respondió pensativa antes de volver a mirar a la cara a Tristan con una falsa sonrisa en sus finos y pequeños labios-Bueno, pues que disfruten de su visita cortés a mi padre, Trsitan. Yo entraré ya en casa pues comienza a hacer más frío del debido. Buenas noches-Se despidió del joven Trsitan con un leve movimiento de la cabeza y entró por la puerta abierta que se encontraba tras este.
El calor que reinaba en la casa le sacudió la cara como un hierro candente en un gélido y ventoso día de invierno, pero al menos consiguió calentarle la cara, única parte del cuerpo dejada al aire en su paseo nocturno, mientras se despojaba de la calidez de sus ropajes invernales. Estaba muy cansada para hacer cualquier cosa, por lo que subió hasta sus dependencias y se tiró en la cama sin desvestirse para ponerse el pijama dejándose llevar por un profundo y reconfortante sueño con el pensamiento de que el día de mañana seria largo, incontables personas vendrán a la mansión, ¿porque? su padre buscaba aliados para destruir a Marcell y a su ejercito, lo cual no resultaría nada fácil, ni la lucha ni la búsqueda de aliados, pues como ya se sabe, los Mikaelson no son la familia favorita de muchos y eso, en momentos como este, les jugaba en contra. Solo espera que todo salga bien y que ninguno de su familia termine mal, aunque solo tuviese 5 años sabe a la perfección a los peligros que se estaban enfrentando y de los resultados que podría haber de esta guerra, ojala que dichos resultados sean favorables para su familia, los Mikaelson.
Vivía con toda su familia, pero aún así albergaba las ganas de pasar un tiempo a solas, cosa que era imposible ya que siempre dos de los híbridos de su padre iban detrás de ella acompañándola todo el rato, aquella noche no fue la excepción. Caminaba con paso tranquilo pero firme por los jardines de la mansión en la que se había criado junto a sus padres y tíos, aquellos que tantos enemigos y problemas tenían, pero los elegiría siempre con problemas y todo lo que conlleva ser una Mikaelson. El tenso silencio de la noche solamente era roto por el crujido de sus pequeñas botas al romper la fina capa de hielo y nieve que cubría como un gélido manto el suelo de su jardín.
-Buenas noches, pequeña Mikaelson -La grave voz de Tristan, le sacó del ensimismamiento en el que se había metido mientras caminaba. Era a quien menos quería ver en toda la tierra.
-Buenas noches, Tristan. ¿Qué hace usted paseando a estas horas por los terrenos de la mansión?-Aunque solo era una niña, la voz de Hope sonaba firme, en su interior el temor a que el contrario le hiciese algo, estaba presente, pero como toda Mikaelson sabia esconder lo que sentía.
-Esa misma pregunta iba a hacerle yo en este preciso momento, Señorita Hope, pero al ver que se me ha adelantado debo responder yo antes: He venido a darles una cortés visita, mi hermana y yo debemos hablar con su padre -Aunque no lo hubiera dicho, la silueta de la pelirroja se podía ver entre los arbustos que adornaban el jardín. La mujer la miraba fijamente, sus ojos eran fríos como el hielo pero una pizca de maldad se podía apreciar en su mirada, en ese preciso instante supo que la visita a su padre no seria cortés.
-Ya veo-Respondió pensativa antes de volver a mirar a la cara a Tristan con una falsa sonrisa en sus finos y pequeños labios-Bueno, pues que disfruten de su visita cortés a mi padre, Trsitan. Yo entraré ya en casa pues comienza a hacer más frío del debido. Buenas noches-Se despidió del joven Trsitan con un leve movimiento de la cabeza y entró por la puerta abierta que se encontraba tras este.
El calor que reinaba en la casa le sacudió la cara como un hierro candente en un gélido y ventoso día de invierno, pero al menos consiguió calentarle la cara, única parte del cuerpo dejada al aire en su paseo nocturno, mientras se despojaba de la calidez de sus ropajes invernales. Estaba muy cansada para hacer cualquier cosa, por lo que subió hasta sus dependencias y se tiró en la cama sin desvestirse para ponerse el pijama dejándose llevar por un profundo y reconfortante sueño con el pensamiento de que el día de mañana seria largo, incontables personas vendrán a la mansión, ¿porque? su padre buscaba aliados para destruir a Marcell y a su ejercito, lo cual no resultaría nada fácil, ni la lucha ni la búsqueda de aliados, pues como ya se sabe, los Mikaelson no son la familia favorita de muchos y eso, en momentos como este, les jugaba en contra. Solo espera que todo salga bien y que ninguno de su familia termine mal, aunque solo tuviese 5 años sabe a la perfección a los peligros que se estaban enfrentando y de los resultados que podría haber de esta guerra, ojala que dichos resultados sean favorables para su familia, los Mikaelson.